Las personalidades Borderland (fronterizas) son poco conocidas en el mundo académico, la verdad es que casi nadie las conoce y en la mayoría de los casos se confunden con las personalidades Borders - en Castellano - trastorno límite de
la personalidad afección
mental que se caracteriza por un patrón continuo de estados de ánimo,
autoimagen y comportamientos inestables. Estos síntomas a menudo resultan
en acciones impulsivas y problemas en las relaciones con otras personas, miedo intenso de ser
abandonado, intolerancia a la soledad, sentimientos de vacío y
aburrimiento, manifestaciones de ira inapropiada, impulsividad, como
con el consumo de sustancias o las relaciones sexuales....)
A lo largo de mi práctica
como terapeuta empecé a ver pacientes con síntomas de alguna forma parecidos
pero sabía yo que no era trastorno límite de la personalidad aunque a veces me
hacían sentir algo parecido. Dejo aquí algunos síntomas: se sentían a margen de
la sociedad, aunque tenían trabajo, vivían aparentemente como la mayoría de la
gente, pero no presentaban un cuadro sociópatas. Tenían una "sensibilidad
a la flor de la piel", incluyendo algunos tenían almas de artistas. Otros
tenían actividades en el ámbito de la solidaridad y la entreayuda. La capacidad
empática que poseían hacía sus relaciones nunca era satisfactoria, lo que me
llevaba a diagnosticar un perfil "codependiente"; algunos incluso
consumían alcohol o drogas. Todos llevaban muchos años luchando contra una
tendencia depresiva que a veces incluso se consolidaba en una depresión
transitoria pero nunca cabía en el perfil psicopatológico de una depresión
psicótica o endógena. Finalmente, todos tenían un amor desenfrenado por los
animales o/y la naturaleza en general (la mayoría era vegetariano y/u vegan),
no soportando en absoluto que sean maltratados.
Mientras tanto, empece también a darme cuenta que yo tenia en mi ser "cosas similares", principalmente un dolor muy profundo relacionado con el maltrato animal que en ciertos momentos me impedía de vivir de forma harmoniosa. Paso a contar aquí mi experiencia que escribí en mi libro "Los caballos terapeutas" (en los idiomas Portugués y Ingles)
[..... Mi
dificultad, cada vez más, para "ajustarme" a una sociedad sin sentido
para mí, tuvo como repercusión buscar cada vez más la compañía de animales,
huyendo de las personas, lo que podría parecer paradójico porque soy terapeuta.
Sentí cada vez más el profundo dolor de los animales del planeta y, a decir
verdad, también el de los humanos. Con el paso de los años, había llegado al
punto de no poder escuchar los gañidos de un perro o el maullido angustiado de
un gato, estos sonidos me entraban como agresiones físicas llevándome a sentir
sus dolores. Me tapaba los oídos, me encogía y lloraba. Tampoco pude ver
imágenes de animales sufriendo, en internet o en la televisión, mi reacción en
este caso fue de una rabia casi "descontrolada". Me había vuelto muy
solitario y pensaba que era un ser aparte. Mis intentos de compartir este dolor
con los que me rodeaban no habían sido buenos, en la mayoría de los casos fui
juzgado como un ser débil, extraño e incluso poco saludable. Me encontraba sola con mi dolor. Cuando
finalmente, hace unos años, leí una encuesta realizada por un psicólogo de
orientación junguiana de los Estados Unidos, fue una auténtica revelación. En
su obra Living in the bordeland, Jérôme S. Bernstein describe la aparición de
un nuevo "tipo de personas" a las que llama "seres
fronterizos".

Este "hallazgo" fue para mí, una auténtica
bendición, finalmente había encontrado a alguien, que al otro lado del mundo,
que no solo entendía mi estado, sino que también era un psicoterapeuta como yo
y había observado varios casos similares. ¡No estaba loca! A lo largo de su
experiencia como terapeuta en el consultorio (y no solo como veremos más
adelante), Bernstein comenzó a observar síntomas y comportamientos en algunos
pacientes que lo llevaron a hacerse ciertas preguntas, especialmente con el
caso de la paciente Hannah, con dificultad para sentir la diferencia entre su
dolor y el de los demás, a saber, el de los animales. Su capacidad empática
estaba fuera de control, vivía en una pesadilla constante. Su suerte fue haber
encontrado a este terapeuta, del foro junguiano, que había trabajado durante
muchos años en la reintegración en la sociedad americana de los indios Hopi. Su formación Junguiana
le había dado una apertura excepcional para comprender diferentes culturas y
aprovechar este aprendizaje, para realizar este sentimiento que de alguna
manera nos une a todos a través del inconsciente colectivo, la base de nuestra
psique, como hemos visto antes. Os dejo aquí la frase de J. Bernstein con la
que comienza su libro: "Vemos y
oímos lo que estamos preparados para lograr". Durante las sesiones con
Hannah, notó su visión del mundo, similar a la de los indios Hopi, llegando así
a la conclusión de que los pueblos tribales y otras personas, a quienes llegó a
llamar borderland y no borderline,
tienen una característica común: tienen una conexión psíquica con la
naturaleza. Hemos recordado este vínculo especial en el animismo del que he
hablado antes. Esta religión prehistórica, a la que todavía estamos conectados
por el inconsciente colectivo, nos permite mantenernos conectados a una conciencia
ecológica, la película de James Cameron "Avatar"explica esta
conexión de una manera espectacular. Este cineasta llevo meses conviviendo con
tribus que aún viven cerca de la naturaleza, en el Amazonas o Nueva Zelanda.
Esta película apunta a una reflexión sobre el hecho de que todos estamos
conectados: los seres humanos, la naturaleza y todos los demás seres en el
planeta Tierra. La diferencia es que los miembros de una tribu se insertan
dentro de una cultura que los entiende, por otro lado, las personas con
personalidad fronteriza, son vistas como seres no adaptados debido a su
hipersensibilidad que no "encaja", en una supuesta buena salud
mental, según los parámetros de la sociedad en la que vivimos.
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Jung dijo: "Ser normal es el objetivo de los fracasados". Y el sabio Krishnamurti: "No es un signo de salud estar bien adaptado a una sociedad
enferma" Leer este libro fue, para mí, una auténtica revelación. Toda
mi lucha por crear un espacio que fuera como una "isla" en la que
animales y humanos pudieran vivir esta empatía, ahora tenía sentido. Mi sueño
supuestamente utópico para muchas personas tenía una razón de ser. Y era necesario.
Cuando entonces comencé a leer el pasaje en el que Bernstein explica que en su
opinión, los seres humanos con esta estructura de personalidad, estarían
apareciendo en nuestro planeta como una respuesta evolutiva, de la que podría
depender la supervivencia de la especie y por supuesto, de nuestro planeta,
todo para mí quedó claro. Aunque pensé esta idea francamente audaz, había algo
en mí que no me sorprendió, a decir verdad, todo parecía muy obvio y plausible. Para él, la
personalidad límite es: "(un ser que habita) un espacio psíquico en el que
el Ego, occidental demasiado especializado y racional, se encuentra
reconectándose con la Naturaleza... Estas personas están en la primera línea
para recibir nuevas formas psíquicas que afectan la psique occidental. Sienten
las tensiones resultantes de este nuevo material psíquico que se reconecta con
un Ego que resiste y, en consecuencia, se siente amenazado". Con estas
palabras, todo comenzó a tener sentido para mí, todo lo que había sentido y
experimentado en mi infancia, incluidos esos sueños sobre los indios a caballo,
ganó sentido cuando los conecté con esta fascinante obra. El inconsciente colectivo
estaba "actuando" dentro de una congruencia muy vívida con la
evolución y supervivencia de todos los seres de nuestro planeta, no sólo para
el ser humano paralizado en un antropocentrismo estéril, sino para una
conciencia ecológica de todos. ¡Fue extraordinario!

Mientras tanto,
busqué más información sobre este tema, y descubrí que el Sr. Bernstein había
tenido la gran idea de poner un cuestionario al final de su libro, permitiendo
a las personas sentirse con este perfil, compartir su experiencia para que
pudiera continuar con su investigación. Recibió cientos de respuestas, las
analizó, y así pudo confirmar que Hannah no era la única. De hecho, hay cientos
de Hannahs en el mundo. Yo también soy uno de ellos. Mientras investigaba sobre
este tema, descubrí esta frase del gran bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinski
(1889-1950). "No como carne porque
he visto ovejas y cerdos siendo asesinados. Vi y sentí el dolor de estos
animales. Sienten la proximidad de la muerte. No podía soportar la escena.
Lloré como un niño. Corrí a la cima de la colina y apenas podía respirar... Me sentí asfixiado... Sentí la muerte del
carnero". Pocas personas
saben que él, en ese momento, fue diagnosticado con esquizofrenia. Me
pregunto hasta qué punto fue, o si no habría una estructura límite en ella, no
entendida por los médicos. La capacidad del gran Nijinski para sentir y expresar
sus sentimientos a través del movimiento lo convirtió en un genio del mundo de
la danza. No me sorprendería si no se entendiera adecuadamente cuando esas
emociones se volvieron abrumadoras. También creo que es importante compartir
aquí, habiendo entendido que no era un ser extraño, y que mi forma de ser
podría incluso ayudar a cambiar la humanidad (aunque obviamente dentro de mis
limitaciones), mis sentimientos empáticos por los animales han aumentado. Aunque
el dolor sea el mismo y a veces todavía, no me deja dormir, dejé de sentirme
impotente porque ahora sé que mi aporte, por mínimo que sea, me permitirá
cambiar algunas cosas. Estoy en paz!
Mahatma Gandhi dijo: "La grandeza de una nación puede ser juzgada por la forma en que
sus animales son tratados... No creo que la vida de un animal sea menos
importante que la de un ser humano".
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